miércoles, 16 de marzo de 2016

Sobre la vida y la muerte...

Como siempre he desaparecido durante un largo tiempo... muchas ideas, muchas emociones, muchas palabras y poco tiempo y pocas ganas de escribir... parece increíble cómo el tiempo desaparece fugazmente cada día ante la cotidianidad de la existencia, como los segundos, los minutos y las horas se consumen ante los deberes y quehaceres diarios... en relación con eso y muchas cosas más he estado pensando en los últimos días, particularmente ante la triste noticia de la muerte de mi tío Pepe. Cuando alguien cercano y querido muere, me planteo muchas interrogantes en relación a la existencia y a mi existencia... desde niña pensaba en cómo sería esa transición a otro estado, claro, en esa época desde una visión más bien religiosa: me preocupaba estar preparada para ese momento para poder vivir eternamente en el cielo, tenía pavor al infierno y a lo que pudiera pasar una allí. Ahora las reflexiones se encuentran más bien hacia otro sentido: no cabe duda que los años y las experiencias vividas me han permitido madurar, no obstante muchas veces he pensado que existen casos en los cuales la ignorancia es una bendición: cuanto más se conoce, se lee, se aprende, se despierta ese gusanito del saber que incita a cuestionar aspectos básicos de la existencia del ser humano.

Me ha emocionado ver, escuchar y leer lo que varias personas han escrito sobre mi tío en las redes y en los medios de comunicación: pienso en lo satisfactorio que es ser recordado con afecto, pienso también en cuántas veces se posponen encuentros por la falta de tiempo y por el corre corre diario en una ciudad saturada por el tráfico y los compromisos laborales y sociales, pienso en todas las personas que he conocido a lo largo de mi vida y en cuántas de ellas me recordarán y porqué me recordarán, pienso en cuántas palabras se han quedado guardadas porque pensamos que no es importante, o que no es el momento o quizá mejor lo haremos otro día, pienso en cuántas llamadas no hemos realizado en el momento en que lo pensamos porque tenemos algo más que hacer o llevamos prisa, pienso en las amistades y relaciones familiares que han terminado o distanciado por causa de malos entendidos que nunca llegaron a aclararse, en fin, pienso en el dolor de la pérdida y cómo ese dolor se siente de diferente manera en la distancia: en ocasiones más intenso.

También pienso en Silva, mi compañera de curso de Alemán: una señora de 62 años, refugiada que viene de Siria... Silva es Ingeniera de profesión, trabajó por 35 años en una empresa encargada de control de calidad, trabajó toda su vida por construir un futuro en su tierra: una casa, muebles, estudio para sus cuatro hijos: todos profesionales, una vejez tranquila... todo perdido por una guerra sin sentido, como todas, pienso en su vida y en su muerte estando viva... pienso en la tristeza en su rostro, en las lágrimas que asoman invariablemente cada vez que hablamos, en el dolor de verse en una tierra extraña, en una cultura diferente e intentando aprender un nuevo idioma, por demás difícil, a su edad, pienso en su dolor que lo he hecho mío, pienso en lo complicado de la vida y a la vez en las oportunidades que nos brinda... recuerdo nuevamente a mi tío, en muchas conversaciones diciéndome: Mija, usted que tiene la oportunidad váyase de este país... aquí las personas no somos valoradas, el conocimiento no vale nada... váyase en cuanto pueda... e intento imaginarlo viéndome con una sonrisa y diciéndome: Mija... lo logró... siga adelante y échele ganas porque usted es una mujer fuerte... Si tío... aquí estoy, echándole ganas... hay me da un empujoncito desde donde quiera que esté... si?