Hace un par de semanas tuve la oportunidad de tener una agradable conversación con un gran querido amigo a través de Skype. Durante algunos años fuimos grandes amigos en la adolescencia, luego la vida quiso que nos separáramos por muchos años, y por una coincidencia del destino, nos reencontramos después de casi veinticinco años de no saber el uno de la otra, o la otra del uno, como quiera verse. Durante todo este tiempo siempre me pregunté qué habría sido de su vida; hay personas que siempre están presentes por alguna u otra razón, y él era una de ellas. Lo que hace diferente esta historia, diferente entre comillas que no tengo en mi ordenador, es que mi amigo es un defensor de los derechos humanos de la diversidad sexual y lo es, entre otras cosas, porque él forma parte de este grupo de personas. Haberle reencontrado en el momento preciso, ha sido una experiencia enriquecedora y constructiva para mi vida: con él he continuado mi aprendizaje sobre la diversidad y mi transformación de cuadrada a redonda, no sólo porque debido a su trabajo él ha leído e investigado mucho y es una fuente científica sobre muchos temas, pero además porque es una fuente personal y de experiencia valiosa como referente en casos de estigma y discriminación. Conversamos durante poco más de dos horas, a pesar de que ambos no teníamos mucho tiempo, y comentamos la situación política actual de nuestro país, así como el tema de la doble moral: esa que se encuentra instaurada tan profundamente en la cotidianidad, a propósito de un post de una conocida de ambos en una red social. Esa doble moral, tan mencionada en nuestros talleres durante el intento de implementar la Educación Integral en Sexualidad en el sistema educativo nacional, esa doble moral que considero nos ha dañado tanto a nivel personal y social, esa doble moral que nos otorga el derecho de criticar, juzgar y hasta condenar a otras y otros, pero que no nos permite hacerlo hacia nosotros mismos, esa doble moral que hace que hablemos sobre lo que se debe hacer y cómo debe hacerse, pero que no coincide con nuestras conductas, en fin, esa dichosa doble moral que hace que, como en el caso de mi amigo, todas y todos aquellos que alguna vez le llamaron amigo, le invitaron a su casa, compartieron su mesa, bailaron en las fiestas con él, ahora no le acepten en una red social porque él representa una parte de lo que ellos consideran pecaminoso, incorrecto y prohibido, esa doble moral que no permite que puedan ver al ser humano, sino su orientación o preferencia sexual,
Y como coincidencia encuentro un experimento que realizaron en una escuela para enseñar a los niños el tema de la diversidad: les dieron varios huevos pintados de diferentes colores: por fuera diferente color, al quebrarlos todos lucían iguales: clara y yema. Me pareció un maravilloso ejemplo: por fuera podemos ser diferentes tanto física como emocionalmente, pero al final todos somos seres humanos... ¿permitirá nuestra doble moral entender esto? para algunas y algunos el camino será más largo porque existen muchas barreras que derribar, para otros y otras, afortunadamente va siendo más fácil... ojalá al final, todas y todos lo consigamos... por el bien de nuestra descendencia....